Balas de Hojalata

Revista de Escritura Joven

Las palabras, como las balas, no tienen retorno

Acebo

Mi niño, mi Quifo. Cada día te veo más vivo, más lleno de color. Te estás haciendo fuerte y estás creciendo mucho. Muy rápido. Todavía recuerdo cuando eras pequeño y frágil, tan solo lo suficientemente grande como para poder sostenerte en mis brazos. En mis manos.

Puto 4,9

Mañana sales. Mañana disfrutas. Mañana te olvidas de todo. Mañana es sábado.

La cita

—¿Está bueno? —¿Quieres probar? —No, qué va. El tomate me perturba.

Infierno

Volumen alto. Más alto. Todo lo alto que me dejan. Una canción estúpida, repetitiva. Perfecta. Una calle limpia. La calle. Un paso tras otro. Acelero el ritmo. Aún puedo subir el volumen. Lo hago.

Un jarrón con flores (segunda parte)

Llegamos a un portal olvidable en medio de un barrio que no recuerdo. No he empezado muy bien, vaya. Nos hallamos en la fachada de una vivienda de carácter humilde… Vale, ni que le esté comiendo la polla al profe de Literatura… El caso, que llegamos a la casa de la tal Josefina.

Dios del Odio

El tablero huele a mermelada. Mermelada de frambuesa. Es oscura y roja.  No me importa, quiero seguir. No todas son peones pero todas obedecen como tal. Temen la mano enorme, siguen el juego. Se destrozan entre ellas, una a una.